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16 oct 2013

El futuro de los medios escritos es cambiar, no desaparecer

Publicado en Gestión, 16 Oct. 2013

Entrevista. Modelo de negocio, cultura organizacional y adaptar contenidos en los que ya es experto a nuevas plataformas son parte del cambio, cuenta Aldo van Weezel, consultor del International Institute for Media Development.



¿Cuántas veces ha muerto el papel en las predicciones?
Muchísimas veces, ha habido muchos vaticinios de muerte. Creo que los medios escritos no van a morir, creo que sí van a cambiar, eso no es vaticinio, es una realidad. Creo que serán más segmentados, más especializados, de nichos.

¿Por qué no desaparecen?
Porque son una marca muy potente. Los lectores necesitan saber que la información que reciben es veraz, es creíble, un valor primordial para la prensa. Y eso está relacionado; eso el lector percibe que lo consigue con una marca como los diarios.

¿Qué cambios ve en el futuro?
Creo que el papel sí va a disminuir su presencia, quizá pase a ser un bien de lujo. Las empresas de medios, de diarios, van a adaptarse al medio digital, no hay de otra.

En Occidente se han cerrado diarios, pero nuestra región sostiene sus ventas. ¿Es inmune o es cuestión de tiempo? 
Ojo que la circulación, así como en esta región, también está creciendo en Asia y en la India, y eso ha hecho que las cifras de circulación globales hayan crecido en los últimos años. En la región existe una mezcla de crecimiento en algunos casos y disminución en otros. En el caso de Perú parece que la circulación va creciendo, vamos desfasados con esta tendencia que se ve en Europa. Sin embargo, vemos que un empresario como Jeff Bezos compra el diario Washington Post porque lo considera un negocio rentable.

¿Qué significa esto viniendo de un empresario como Bezos?
Significa que no está comprando el negocio para enterrarlo, está comprando una marca por la que va a apostar a futuro.

¿Cuál es el gran desafío de los medios ahora? 
Los medios requieren con urgencia cambiar modelos de negocios, cambiar la cultura organizacional.

¿Cuál es el rol digital? 
La estrategia digital tiene que ser una estrategia complementaria al papel. Después de todo, lo que hacen las empresas de comunicación es contar historias, generar contenidos. Así se trate de papel o del digital. Así que el futuro muestra cambios, sí, pero no desaparición, ni enfrentamiento.

En este cambio, ¿es más vital la publicidad o la circulación?
Los lectores son vitales en el cambio. Los medios de comunicación en esta etapa tienen que hacerse expertos en conocer a su lector, pero conocerlo muy bien. Con esa información pueden hablar claro y convencer a los anunciantes.

¿Apuntando a targets?
Así es. Yo le digo al anunciante, yo llego a este grupo socioeconómico, en determinadas edades, nivel profesional y eso le interesa, eso lo convence. En el mundo digital, el anunciante cada vez va a exigir más números, más el target, la precisión. Va a decir quiero llegar a este segmento específico porque eso me dará tal ganancia precisa. Si los medios responden a esa demanda, estarán bien.

¿El papel se convertirá en análisis?
Es la pregunta del millón, no sé si existe una respuesta precisa a esa pregunta. Lo haré con un ejemplo. En EE.UU. la venta de libros digitales ya pasó la venta del papel. ¿Eso significa que el libro está muerto? No, simplemente para un público es más fácil descargarlo. Los medios deben ser capaces de adaptarse a esas nuevas plataforma antes que los medios que son solo digitales lo hagan.

¿Puede sobrevivir la industria en base a ese target romántico que prefiere el libro o su diario?
No, sobrevive si genera contenidos en esa plataforma y genera fidelidad en esa audiencia y conquista otros públicos.

HOJA DE VIDA
Empresa: IMD International Institute for Media Development.
Trabajos: Asociación Nacional de la Prensa (Chile).
Estudios: Ingeniero Industrial y doctor en Administración de Empresas. Especialista en el análisis de las industrias de los medios de comunicación.

EL DATO
Inversión a futuro. Jeff Bezos es el dueño de Amazon, la empresa que ha hecho del mundo digital un negocio rentable con sus libros digitales y sus tabletas Kindle. El empresario compró el diario Washington Post por US$ 250 mlls.

(Ver fuente original)

12 feb 2012

E-Books y libros de papel: Un divorcio de común acuerdo

En mayo de 2011 el CEO de Amazon anunció que por primera vez la cantidad de e-books vendidos había superado la de libros en papel. Si bien Amazon es líder en la venta de libros virtuales, la conclusión obvia es que el e-book ha llegado para quedarse. Pero ¿hay posibilidades de volver a anunciar la muerte del libro sin sonrojarse?





El e-book

La letra “e” seguida de un guión suele indicar que estamos ante algo ya conocido pero en versión electrónica, por eso “e-book” se traduce como libro electrónico. En tanto que cuando está en papel alcanza con decir “libro” para referirse tanto al contenido como al soporte, en el caso del e-book es necesario diferenciar el texto digitalizado del dispositivo para leerlo. Los primeros textos electrónicos nacieron en realidad junto con la era digital, en tanto que los primeros dispositivos de lectura específicos para ese tipo de textos son de 1998, aunque recién en la década siguiente consiguieron cierta masividad.

Es más, desde principios del milenio el mercado recibe distintas versiones de dispositivos de lectura que cambian casi a la velocidad de los celulares. Cabe aclarar que no son lo mismo que las “tablas” o “pads”, por ejemplo, por varias razones: la más evidente es que los e-books, si bien tienen a veces otras funciones (incluso navegadores), están pensados sólo para leer y no sirven prácticamente para otra cosa. Además, a diferencia de las tablas mencionadas, la pantalla no cuenta con luz propia: es decir, que no sirven en la oscuridad. La ventaja de esta carencia es que no cansa la vista y que se parece más a los libros clásicos.

Pero probablemente lo más interesante de los libros electrónicos es que se sacan de encima el problema de la materialidad y permiten al lector gozar de las maravillas de la virtualidad. Es decir que se pueden aprovechar los libros casi infinitos disponibles en la red de redes, el hipertexto, se puede prestar libros sin perderlos… Y el impacto que tendría una utilización masiva de este sistema es enorme, sobre todo por el ahorro que permite que los libros circulen por fibra óptica en lugar de depender de que se talen árboles para hacer papel, se transporten hasta las librerías y, para peor, se impriman miles de ejemplares que nunca se hojearán. Liberada de su lastre material, la información circula más rápido, más barato y en cantidades. De alguna manera parecería que el e-book está condenado al éxito…

Nostalgia del libro

En una nota reciente de Pablo Capanna en este suplemento (”Escribir en el aire”, 5/11/11) se explicaba cómo numerosos soportes para transportar información se volvían obsoletos tan rápido que a veces resulta imposible recuperar la información que había en ellos, como ya ocurre con los disquettes de 5 1/4, las cintas magnéticas, etcétera. Mientras tanto, libros de más de dos mil años de antigüedad siguen listos para ser leídos (si se llega a ellos, claro). Digamos que la propia velocidad con la que evoluciona la tecnología atenta contra la supervivencia de ciertos contenidos. ¿Qué pasará en 20 años con las novelas que hoy sólo tienen existencia digital? La tendencia parecería ser a que desaparezcan, a menos que se logre rescatar alguna copia de un servidor perdido. Es que los nuevos sistemas se basan en la redundancia, la copia ilimitada de la información, pero esto se combina, como se dijo, con lo efímero de los soportes. Frente a esto se podría sostener que los escritos que valen la pena sobrevivirán porque mientras alguien se interese por ellos, quedará alguna copia.

Otro argumento es mucho más subjetivo y difícil de sostener frente a quienes no lo comparten: el placer que provoca el libro al tacto, el olfato y la vista es inigualable. El fenómeno es conocido: los fetichistas del CD los compran por millones pese a que pueden descargar su música por Internet. Es decir que el libro podría volverse un objeto de culto similar para algunas piezas elegidas, pero no un objeto eminentemente funcional para transportar información.

Matar o morir

Mientras tanto las grandes empresas pelean porque su lector de libros electrónicos sea el que gane en los primeros metros de la carrera con la promesa de disfrutar por el resto de la eternidad… que cada vez dura menos. Los distintos dispositivos manejan formatos específicos en un intento de las compañías de secuestrar a su clientela, algo que parece tan egoísta como anticuado. El fenómeno se llama e-babel, porque cada uno lee un formato distinto, por ejemplo el .azw de Amazon o el .lit de Microsoft, entre muchos otros. Estos formatos son propietarios, es decir que hay que pagar una licencia a las empresas para usarlo. Es por eso que, como viene ocurriendo en el mundo de los celulares, la tendencia es que triunfen sistemas libres (como el .epub para los libros digitales) que cualquiera puede usar sin pagar nada y por lo tanto todos los dispositivos tendrán que leerlos o perecer.

Como se decía al comienzo, los e-books (los textos, no los dispositivos que permiten leerlos) comienzan a venderse más que los libros físicos, pero esto no impide que la venta de estos últimos siga creciendo: parece haber lugar para todos. Si bien las perspectivas de que los dispositivos de lectura para e-books sean el soporte elegido para transportar la mayor parte del brutal aumento de la información que circula (si no son desplazados por las tabletas u otra novedad, claro), sería presuntuoso anunciar, una vez más, la muerte del libro, probablemente el más simple y duradero de la historia de la humanidad.


Escribir en el aire  (Por Pablo Capanna)

A pesar de pertenecer a una generación que compraba y leía libros, nunca me dio por ser bibliófilo ni coleccionista. Esas actividades requieren algo de dinero y una debilidad por los aspectos físicos del libro, que en algunos casos hasta puede derivar en cierto desprecio por su contenido. En mi caso, siempre ocurrió lo contrario. La única vez que pasé por una editorial especializada en textos escolares me enteré de que había sido rotulado como “productor de contenidos”. Nunca me enteré de qué nombre recibían quienes se ocupaban de los “envases”, pero me dieron a entender que su tarea era mucho más importante que cualquier “contenido”, para hacer que el producto fuera más atractivo.

Sin desmerecer todo eso que hace más agradable la lectura, desde la tipografía hasta la encuadernación, siempre consideré que los libros valían ante todo por las ideas o los sentimientos que eran capaces de transmitir, aunque estuvieran impresos en papel de diario.

Con todo, y sin habérmelo propuesto, el hecho de haber vivido mucho y siempre con poca plata para comprar buenas ediciones, me llevó a frecuentar las librerías de viejo. De ese modo, y sin proponérmelo, llegué a tener en mi biblioteca algunos ejemplares que tienen casi un siglo de vida.

El más viejo es un Rousseau en italiano que ha cumplido más de cien años. También tengo un Wells, un Pascal y algunos otros que ya son más que nonagenarios. Todos están muy legibles, y se diría que han resistido heroicamente el paso del tiempo. En cambio, en los últimos tiempos he tenido que deshacerme de libros que tenían apenas treinta años, a medida que sus hojas se iban oscureciendo y resquebrajando.

Estas diferencias dependen de la tecnología que en cada caso se utilizó para fabricar el papel. Desde que los chinos lo inventaron, hasta mediados del siglo XIX el papel se hacía exclusivamente reciclando trapos, pero en un momento se comenzó a producir con pulpa de papel y crecientes dosis de ácido clorhídrico, que lo hacían perecedero a plazo fijo. Aunque las pasteras juren que no contaminan el río, el papel pulp nace contaminado y tiene una breve expectativa de vida. Hasta se diría que en las últimas décadas ésta se ha acortado.

Si alguien se propusiera darnos una respuesta optimista a esta cuestión, podría hablar del fin del papel como soporte de la escritura. Seguramente alabaría la llegada de la era digital, que permitirá almacenar definitivamente la información en soportes duraderos: Digital is forever! Pero, ¿estamos seguros de que podrá almacenarla definitivamente, en un material más duradero que el papel?

DE LA ARCILLA AL SILICIO

Hace unos mil años, el rey Guillermo, dispuesto a consolidar la conquista normanda de Inglaterra, mandó hacer un censo de todas las propiedades sujetas a impuestos. Cuando la completó, la DGI normanda le puso por título El Libro del Juicio Final (Doomsday Book), quizá para amedrentar a los eventuales evasores.

En 1986, al cumplirse novecientos años del Doomsday Book, la BBC se propuso reeditar aquel emprendimiento cuando auspició un proyecto en el cual participaron cerca de un millón de colaboradores. Para la ocasión, emplearon los recursos más avanzados, como fotos digitales, videos y mapas interactivos.

Pasaron veinte años más, y el libro que mandó hacer Guillermo el Conquistador en pergamino aún puede ser consultado por los historiadores, pero quedan muy pocas PC de las que se usaban en 1986. Para ser legible, el censo más reciente tuvo que ser transferido a un nuevo formato, y probablemente habrá que seguir convirtiéndolo cada tanto, porque no existe ningún formato definitivo, y los programas de lectura también evolucionan.

Con el censo que en 1960 el gobierno de los Estados Unidos había mandado grabar en cinta magnética ocurrió algo parecido: para 1975 ya no había sistemas que permitieran leerlo en su forma original.

Quizá por eso, a la hora de diseñar el mensaje a los extraterrestres que llevaría la sonda Voyager II de 1977, Carl Sagan tuvo la brillante idea de incluir el dispositivo de lectura. Una medida muy sabia, porque treinta años más tarde aquí en la Tierra ya era difícil conseguir algo parecido, al ritmo que avanza la tecnología.

Basta pensar en que toda la información que hace 5 mil años un rey sumerio mandó grabar en tabletas de arcilla hoy podría ser leída con una tableta llena de hardware miniaturizado. Pero el riesgo que se corre ahora es que se torne ilegible en pocos años y que la arcilla sobreviva una vez más.

DURABILIDAD

La invención del lenguaje simbólico, que es la clave de toda la cultura, se tradujo necesariamente en el desarrollo de la escritura, que requería de algún soporte físico durable.

El primer soporte fue la piedra. Gracias a ella, el nombre de los reyes sobrevivió a los propios reyes y hasta al recuerdo de las hazañas o las calamidades que protagonizaron. La piedra era el soporte más duradero, pero el menos manipulable. Luego se recurrió al barro cocido, los metales, la cerámica o la seda. Conocemos los mitos egipcios gracias al papiro y los sermones de Buda porque fueron escritos sobre hojas de palma.

El papiro egipcio, hecho con varias capas de tejido vegetal, permitía conservar y transportar información escrita en una superficie extensa; además, al enrollarse, ocupaba poco espacio en los estantes.

Esto era más que suficiente para las necesidades de la casta sacerdotal egipcia. Pero la gran expansión de la ciencia en la época alejandrina aumentó la demanda. Cuando Egipto cerró la exportación de papiro, en la ciudad de Pérgamo se comenzaron a usar pieles de animales (cordero, vaca, asno), que desde entonces se conocieron como pergaminos.

El pergamino se usaba en rollos (volúmenes), pero también en tomos, con hojas cortadas a la manera de un libro de hoy. También tenía otra ventaja: en él se podía escribir de ambos lados y borrar un texto para escribir otro encima, para delicia de los arqueólogos de hoy.

El uso del papel, que los árabes trajeron de China, se extendió durante la Edad Media, y tuvo su auge a partir del siglo XVII. El formato del libro actual (códice) se había impuesto cuando los predicadores cristianos encontraron que era más fácil de transportar y manipular que el rollo. La conjunción del papel, la imprenta y el libro fue el sustrato de toda la Modernidad.

El siglo XX presenció una nueva explosión, cuando lo digital comenzó a reemplazar a lo analógico, desde las fichas perforadas de Jacquard y Hollerith hasta la cinta magnética de IBM. Muchas expectativas fueron depositadas en el microfilm, que entonces se presentaba como el soporte del futuro. Al mismo tiempo, la fotocopia multiplicaba versiones bastante volátiles de los textos: fueron la salvación de los estudiantes, pero no enriquecieron las bibliotecas.

Luego vinieron el disquete y el CD, que ofrecían cada vez una mayor capacidad de almacenamiento de datos, pero resultaron menos durables que el libro.

REDUNDANCIA

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría fue una catástrofe para la tradición científica y para toda la cultura occidental, que tuvo que recomponerse trabajosamente a través de copias, varias veces retraducidas y adulteradas. Es costumbre culpar de todo ese desastre al califa Omar, pero hoy sabemos que se trató de un largo proceso en el cual intervinieron muchas manos, tanto por acción como por omisión.

Los centenares de miles de volúmenes que los Tolomeos habían reunido en Alejandría, mediante la compra o la copia de cuanto manuscrito caía bajo su alcance, no perecieron en un solo holocausto por orden de Omar. Hubo una larga serie de saqueos, robos, incendios y abandono que llevó siglos, y se agudizó a medida que descrecía la curiosidad y el mundo antiguo se hundía en un clima de magia supersticiosa. Los testimonios de los sucesivos viajeros dan cuenta del progresivo deterioro, que Omar vino a rematar con una frase tristemente célebre.

¿Por qué la Biblioteca era tan importante, aparte de haber pertenecido al Museo, la primera universidad de la que tengamos noticia? Es probable que fuera porque la mayoría de los textos que atesoraba eran únicos o contaban con unas pocas copias manuscritas, de esas que producían en sus talleres una multitud de escribas.

Alejandría no tenía redundancia, o tenía muy poca. Un manuscrito perdido era un agujero en el tejido del saber, a no ser que en alguna remota provincia quedara una copia aceptable.

La gran revolución que trajo la imprenta consistió en incrementar radicalmente la redundancia, de manera que por cada libro que se destruía, siempre era posible encontrar algún ejemplar en otra parte, y a la larga era posible recuperar el texto perdido.

La multiplicación llegó a su extremo con la aparición de Internet, donde casi todo puede “bajarse” desde los sitios más disímiles. Con cierta ingenuidad, tendemos a imaginar a Internet como una suerte de Mundo de las Ideas platónico, del cual se bajan o se suben “contenidos”, pero confiamos en que los textos durarán para siempre. Todos nos hemos tropezado con noticias del pasado que parecen eternizarse en alguna página web, y eso nos hace pensar que en la red nada se pierde. Sin embargo, las dificultades surgen cuando pretendemos ofrecer referencias que permitan corroborar dónde hemos obtenido la información. Cuando los libros eran de papel se citaba la edición y la página, y aunque nadie se tomara el trabajo de verificarlo, eso bastaba como prueba de veracidad. Hoy algunos se las ingenian para citar, por ejemplo, “www.montoto.edu, consultada el día 14-07-11 a las 20.30″. El dato puede ser cierto y hasta aceptable para un jurado de tesis, pero es imposible verificarlo en otro momento, cuando la página se actualiza periódicamente. El hecho es que la red está siempre mutando: muchos sitios desaparecen, otros se transforman y la información que no emigra, se pierde.

Si no confiamos demasiado en la eternidad de la red, la alternativa es conservar los datos en un soporte externo. Pero cualquier usuario que lleve algo más de diez años tratando con computadoras ha vivido la evolución de la tecnología, que hacía obsoletos los sistemas bastante antes de que el hardware comenzara a fallar.

Si alguien aún conserva información en disquetes de 3,5 o 5 1/4 tendrá grandes dificultades para recuperarla, a menos que recurra a alguna secta de nostálgicos al estilo de los ferromodelistas o los cultores del disco de vinilo.

Estamos tan acostumbrados a ciertos programas de escritura y de cálculo que no reparamos en que se trata de productos comerciales, que en cualquier momento pueden salir del mercado. Así como nadie se acuerda del WordStar, que fue el programa de escritura líder de los años ‘80, los formatos habituales como “doc”, “JPEG” o “MP3″ pueden desaparecer junto con el programa que permite leerlos.

Paradójicamente, los soportes electrónicos tienen una esperanza de vida sensiblemente inferior al papel de buena calidad. El CD Rom, el DVD o el Blu-ray sufren la degradación de su capa fotosensible, lo cual hace que duren a lo sumo entre cinco y diez años. Aunque el disco holográfico, la nueva promesa, aspira a tener una vida útil de medio siglo.

Nuestros sistemas permiten acopiar enormes cantidades de información tanto irrelevante como valiosa, con un grado de redundancia jamás visto. De hecho, somos capaces de encerrar muchas Alejandrías en un pequeño disco.

La vida de una pirámide es de 5 mil años y una catedral dura unos mil, pero nuestros rascacielos apenas aspiran a durar cien años, con un buen mantenimiento. Tenemos una cultura de lo efímero, donde el largo plazo importa cada vez menos, y toda nuestra confianza reposa en la extrema redundancia de aquello que guardamos. Pero corremos el riesgo de conservar infinitos registros de cámaras de seguridad y perder la única copia de algún libro que pudo cambiar el mundo.

(Ver fuente original)

31 ago 2011

Argentina: El libro digital - una industria todavía lejana para las editoriales locales

Publicado en La Mañana de Cordova, 31 Ago. 2011

En esta nueva edición, la Feria del Libro tendrá como lema “El libro en la era digital”. Sin embargo, para los organizadores y algunas editoriales locales, la posibilidad de sacar un libro en este formato es aún lejana. Aseguran que el soporte papel sigue siendo la alternativa para el lector cordobés.


Se viene una nueva edición de la Feria del Libro Córdoba que, a través de su lema “El libro en la era digital”, pone en debate la permanencia y supervivencia del formato papel frente a este soporte virtual.

Aunque los eBooks parecen ser la nueva tendencia en el mercado literario, las editoriales locales y organizadores de la Feria aseguran que en nuestra ciudad aún es muy lejana la posibilidad de promover este tipo de ediciones.

Adriana Sappia de la Editorial Municipal y parte del staff organizador de la Feria, y los editores Pablo Kaplun (El Emporio) y Javier Montoya (Ediciones del Boulevard), dieron su opinión al respecto. Si bien cada uno respondió de manera individual, manifestaron algunas coincidencias sobre el tema.

- Al plantearse este lema, en la Feria uno tiene la sensación de que hay una especie de promoción del libro digital. ¿Es así?

- Adriana Sappia: En realidad la idea fue darle a una artista plástica joven la oportunidad de que hiciera la imagen de la Feria para ver cómo la veía alguien que pertenece a otra generación. Y en función del logo que salió quedó demostrado que el libro, como objeto, sigue vigente aún en la era digital. En algunos países se ha avanzado mucho sobre estos formatos, pero el libro sigue existiendo tal como lo hemos usado desde siempre. El placer de la lectura, de tener un libro en la mano, de abrir todo ese mundo imaginario es algo que no se pierde...

- ¿Consideran que hoy en Córdoba, hay mercado para los eBooks, es decir para editar en formato digital?

- Javier Montoya: No, para nada. Yo la verdad es que nunca tuve en mis manos las tablets estas que se utilizan para leer. En la editorial, la gente a veces consulta, pero quizá motivados por la fantasía de que se puede vender más que con el libro en formato papel... Yo creo que cuando un libro funciona va más allá del formato. Es el producto y no el formato lo que la gente consume.

- Adriana Sappia: No lo veo todavía. Yo creo que a lo mejor en áreas específicas o de estudio se puede dar más, pero en el caso de las editoriales de Córdoba (que apuntan más a la literatura, a la ficción), creo que el consumo está orientado al formato tradicional. Nosotros, como organizadores de la Feria, tratamos de reunir todas las opciones, pero lo cierto es que cuando la artista tuvo que pensar un logo no pensó un libro digital sino tradicional.

Me parece que los investigadores están como más acostumbrados a manejarse con internet, y tal vez en esos sectores se puede dar este tipo de consumo.

- Pablo Kaplun: Yo creo que todavía es un terreno virgen para nosotros, pero tenemos que tratar de imaginarnos un futuro con este tipo de tecnologías. Hay que trabajar en esto porque puede ser un muy buen medio de difusión para los libros.

Por ahora la predilección es el formato papel, hay que ver qué pasa en 5 o 10 años. Nosotros tenemos como modelo a Estados Unidos, y allá esto comenzó hace un año y medio aproximadamente, y actualmente el consumo del libro digital ronda el 3%. De todas maneras, hay que evaluar la velocidad con la que va creciendo esa tendencia, ¿no?

- A nivel negocio, ¿cómo funcionaría el libro en formato digital?

- Pablo Kaplun: ¿Cómo va a ser el negocio? Nadie sabe muy bien, pero lo que sí sabemos es que va a cambiar. Si nosotros pensamos que podemos vender estos libros por internet vamos a tener más lectores, el mercado va a ser mucho más grande y la idea es que le sume a los lectores que buscan el libro en papel. Yo deseo que aumente el mercado y las posibilidades... De todas maneras, en muchas reuniones que he participado en Buenos Aires todavía nadie sabe muy bien qué va a pasar. Aún es una incógnita...

- Javier Montoya: Es algo tan lejano para mí. La verdad es que no conozco a gente que compre un libro virtual. Son cosas más del futuro y en Córdoba vivimos más en el día a día. Si las grandes empresas comienzan con esto seguramente ya evaluaremos cómo nos insertamos a ese mercado y cuáles son las formas de comercialización. Por lo pronto, como editorial cordobesa, seguimos peleando por ganar terreno en el ámbito de la comercialización tradicional.

- ¿Se podría generar algo similar a lo que ocurre con la piratería en el ámbito musical?

- Javier Montoya: Podría ser un tema parecido a lo que ocurre con la música. De hecho, actualmente hay ciertos tipos de libros que tienen los mismos problemas con las fotocopias.

- Pablo Kaplun: En principio no va a pasar lo mismo que con la música. Me parece que es diferente, y que se va a respetar más el derecho de autor.

- En esta edición de la Feria, ¿van a tener actividades específicas sobre el tema?

- Adriana Sappia: Nosotros abrimos el juego, proponemos el tema para ver lo que sale, pero la verdad es que no están planteados tantos debates o actividades vinculados a esto. Lo que sí creemos es que, actualmente, lo que sigue vigente es el libro en formato tradicional.

(Ver fuente original)

24 jul 2011

Pautas para Armar una Biblioteca acorde al Siglo XXI

Publicado en El Comercio, 23 Jul. 2011

Textos virtuales son una alternativa a la falta de espacio y capital

Los tiempos actuales están llenos de gente que vive corriendo de un lado a otro y tiene cada vez menos tiempo y espacio del deseado para relajarse en algo más que una gran sala gobernada por la todopoderosa TV. El cuarto de juegos, escritorio y armarios resultan confinados a un rincón dentro del departamento y, para disgusto de los amantes de la lectura, se termina acumulando joyas de la literatura en insípidas gavetas llenas de polvo, como el arpa de Bécquer, a la espera de una mudanza. Sin embargo, existen formas de tener una minibiblioteca decente en pleno siglo XXI, sobre todo si nos apoyamos en la informática.

El secreto, según más de un aficionado, está en saber lograr el equilibrio entre lo físico y lo virtual. Para eso hemos de partir recordando que el soporte electrónico no es tan elegante, pero ahorra mucho espacio: un disco duro portátil de un terabyte (1.000 gigabytes) permite guardar todos los libros de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y en un Kindle (el lector electrónico de Amazon) podemos almacenar más de 3.200 libros.

Claro está, no todas las grandes obras literarias están disponibles en Amazon (ni siquiera Harry Potter) y no todas las mejores bibliotecas físicas del mundo están digitalizadas al 100%, pero muchas sí lo están. Como ejemplo, podemos mencionar que hay 2 millones de libros digitalizados por Google, más de 670 mil para Kindle, 120 mil en la librería Laie (muchos de ellos en español), 30 mil con el iBook de Apple, 25 mil en Publidisa, entre otros.

Para poder leer toda esa bibliografía digitalizada existe una variedad de soportes que incluyen desde una PC con acceso a Internet para descargar material no tan exclusivo (sobre todo libros profesionales) hasta las tabletas y los lectores de libros digitales que cuenta con más de cinco tipos de productos para elegir, entre los que destacan Kindle, Sony Reader y Nook (Barnes and Nobles).

BUENO Y BARATO

La ecuación “bueno, bonito y barato” no siempre se cumple en el campo de la literatura impresa, pero nos acercamos a ello con la lectura digital si vemos el presupuesto para acceder a ella.

Para implementar la recepción digital podemos comprar el lector (partiendo de US$ 139 hacia arriba), suscribirnos a diarios y revistas (aproximadamente US$5 a la semana)y descargar libros, lo cual parte de US$9 pero llega, en algunos casos, a más de US$20, menos de la mitad de lo que nos costarían en físico. Si se desea, también se puede usar el iPad, PlayBook, Galaxy Tab, u otras tabletas (la más barata en el mercado local se vende a US$300) como lectoras, pero hay que tener en cuenta dos factores fundamentales: la luminosidad de sus pantallas es menos amigable que la del Kindle y hay que verificar, antes de comprar , si dispone de un software para facilitar la lectura de libros.

Para armar la biblioteca, según recomiendan los arquitectos, basta separar la mitad de una habitación o incluso la misma sala de estar, en donde ubicar una repisa alta (que tenga partes cubiertas con puertas para libros viejos y parte en exhibición para los clásicos) y junto a ella el escritorio de la PC.

La repisa, incluso si se piensa en mandarla a hacer de cedro, costará mucho menos que un televisor nuevo. En el mercado local podemos encontrar algunas ya elaboradas que valen cerca de S/.650, pero también podemos mandar a elaborar una por S/.980. En el supermercado se puede comprar escritorios y pequeñas repisas por S/.380, los cuales pueden servir de acompañamiento al mueble principal.

En cuanto a los libros para alimentarla, como todo amante de la lectura sabe, no se compran todos de golpe, sino que se van adquiriendo de a pocos, en especial en las ferias, que ofrecen mejores precios.

Lo recomendable es dejar para formato digital lo básico, como diccionarios o enciclopedias (la mayoría tienen material en línea de primera calidad) que ocupan mucho espacio y presupuesto, y centrar la compra de ejemplares físicos para los productos exclusivos, de alto valor agregado y vistosas presentaciones, porque para todo lo demás, basta con la Internet.

(Ver fuente original)

23 dic 2010

El libro electrónico y los "lectores mutantes"

Publicado en el Blog de Peru21



El diseñador web colombiano Pablo Arrieta conversó con Lee por gusto sobre el futuro del libro, las posibilidades de nuevas experiencias de lectura con el libro electrónico. Aquí un extracto de lo conversado en un escenario que no podía ser mejor: la librería El Virrey, en San Isidro, Lima.

"Cuando los editores empiezan a verme con tantos aparatos tecnológicos me miran con desconfianza. Pero cuando me escuchan dicen 'Ah, él es de los nuestros'", dice Pablo Arrieta, arquitecto, diseñador web y docente de la Universidad Javeriana de Colombia. Él estuvo en Lima hace unas semanas y dictó unas charlas en la Cámara Peruana del Libro, una de las cuales se tituló Lectores mutantes. Libros electrónicos y las nuevas formas de lectura. Por eso fue que me contacté con él.

A estas alturas estamos convencidos de que el libro papel no va a desaparecer, pero ¿El libro electrónico acaso lo complementará?

El libro electrónico y el libro de papel son grandes amigos. Hay veces que leeremos en pantallas y otras en papel. Así como hay teatro y hay cine, lo mismo va a pasar con la literatura. Ahora bien, las narraciones van a ser distintas. Lo que no permite hacer el papel sí lo permite hacer la pantalla: meter video, meter sonido, meter interactividad. En el papel es realmente imposible hacer esto.

Sin embargo hay aún mucho rechazo de los lectores "tradicionales", es decir aquellos que están acostumbrados a leer en papel. Además, un libro electrónico no tiene olor y más aun, no puede ser autografiado por su autor

Ahí tienes una cosa bastante divertida. Con el libro electrónico hay una cosa que no he logrado hacer que es precisamente me lo autografíen los autores. Pero anotar, subrayar, hacer todas las cosas que normalmente uno hace con un libro de papel se puede hacer. El rechazo que tienen los lectores tradicionales es casi siempre un rechazo a lo desconocido. Cuando ellos se enfrentan a dispositivos como el iPad o el Sony reader creen que la pantalla los va a cansar, que la pantalla no es lo mismo que el papel. Hablan de las ventajas que tiene sentir el libro. Sin embargo, cuando ellos descubren lo que es un lector electrónico, es muy frecuente que después de tiempo estén diciendo "¡me encanta! Ya lo entiendo". El temor inicial ha hecho que los lectores tradicionales rechacen lo desconocido.

¿Pero acaso no cansa leer sobre estas pantallas electrónicas que emiten luz y se asemejan a leer en una computadora?

Tenemos dos cosas distintas. Unos son los libros electrónicos que son los soportes con tinta digital que reflejan luz como un libro de papel. En los primeros dispositivos que aparecieron la gente se quejaba de que el contraste no era muy alto, pero con los últimos aparatos desarrollados tenemos máquinas que tienen un gran contraste y que pueden regular para llegar realmente a lo que uno prefiere, estamos hablando del Kindle3 o del Sony reader en sus últimas versiones.

Con el iPad y todas las tabletas la gente se queja con que esta es una luz disparada y esto cansa. Hay una diferencia estar frente a una PC y estos aparatos. Es fácil que los demás elementos disminuyan, digamos que es una cosa de gusto.

Tú hablas de que lectores del futuro serán "mutantes", es decir, que van camino a asimilar nuevas formas de lectura. ¿Cómo será este proceso?

En estos momentos todos estamos siendo lectores mutantes. Estamos mutando de una cultura en la cual todo era analógico a una cultura en la cual tenemos pantallas y eso a menor nivel está pasando. Gente humilde ha cambiado su vida a través de los teléfonos celulares, a los que es común tener acceso en países como los nuestros. Esos lectores mutantes son los que llevan dispositivos de comunicación en sus bolsillos, que están leyendo en pantallas. Son niños que están jugando videojuegos, son madres de familia que están enviándose mensajes de texto con sus hijos. Son padres de familia que están de viaje y pueden leer un cuento a sus hijos a través de Skype. El lector mutante es un lector que tiene que entender que hay cosas que siguen dándose como la lectura de libros en papel, como también hay posibilidad de leer un periódico en pantalla.

Pero ¿esto no banaliza la lectura? Me refiero a que no necesariamente la gente leerá libros de buena calidad aun cuando pueda leer mucho más que antes

No se necesita que lleguen los libros electrónicos para acabar con la calidad de la literatura, ya esta ha bajado con lo que se pretende que sean éxitos editoriales. Creo que lo que va a pasar es al contrario, que vamos a volver a pequeños tirajes. La gente va a empezar a seguir textos, a autores, ya no se necesitará tanto que la editorial me lo muestre, pues podremos conectarnos con los autores a través de redes sociales, como Facebook y Twitter. Puedo descubrir gente y consumir.

¿Y qué es lo que va a pasar con las bibliotecas, espacios actualmente destinados a la lectura del libro tradicional?

El espacio de la biblioteca sigue siendo un espacio donde puede darse ciertas cosas que no se dan en otros espacios. El acto de ir una biblioteca es un espacio espiritual, es un espacio de trabajo con ideas. Sin embargo, el solo hecho de guardar libros y tenerlos en espacios no es lo que hace a una biblioteca. Las bibliotecas van a tener que mutar porque muchos de sus lectores van a sacar libros electrónicos a través del cual querrán acceder a contenidos, pero el espacio y las facilidades tanto en las bibliotecas y librerías tienen que replantearse.

Luego de conversar con los editores peruanos ¿qué recepción notas en ellos para replantear el negocio?

En Perú, al igual que en los países latinoamericanos, hay curiosidad y hay un poco de miedo porque no se conoce lo que viene. No se conoce porque no se sabe lo que viene y porque no se ha probado. Lo que he hecho con los editores es mostrarles el panorama y de alguna forma seducirlos.

Cómo te imaginas de aquí a diez o 15 años a un abuelo junto a su nieto leyendo. ¿Aquel en un libro de papel y este con su libro electrónico?

Lo importante es que el abuelo se siente con el nieto a leer. Èl puede decirle a su nieto, vamos a leer un cuento como este (abre un cuento multimedia e interactivo de su iPad). Creo que no habíamos tenido transformaciones tan fuertes en la humanidad en cuanto a tecnología se refiere, pero lo más importante sigue siendo leer.

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